El Soberano: Un Gran Acierto… Por José Tomás Paulino

Por: José Tomás Paulino Rodríguez

Lo que el público televidente apreció el martes por la noche fue un exquisito espectáculo, desde todas las ópticas, un merecido tributo a la incuestionable calidad de las producciones de cantantes, músicos, actores y comunicadores sociales de la República Dominicana.

Seductor, contagiante, retador, el opening atrapó la atención, un preludio de que el contenido, cuidadosamente producido reunía todos los elementos requeridos para concitar la atención de un auditorio que, aunque lejano, se hizo cómplice y testigo privilegiado de un momento memorable.

Reservar la apertura para el género urbano fue una idea atinada y justa, esa expresión musical conecta con un amplio segmento juvenil y de otro no tan joven, ha alcanzado mejoras tangibles en la lírica, arreglos y orquestación por lo cual merece ser colocada en un sitial preponderante.

La línea gráfica imprimió agilidad, dinamismo y riqueza visual a una bien hilvanada producción de Alberto Zayas, apoyada en el excelente desempeño de los conductores Nashla Bogaert y Roberto Ángel Salcedo.

Desde principio a fin no perdieron la empatía, la complicidad y la gracia, el enganche que les permitió transportar a la inmensa cantidad de telespectadores al escenario mismo del salón Eduardo Brito de Teatro Nacional.

Sonido, iluminación, efectos visuales perfectamente armonizados con cada segmento, dieron el brillo y el esplendor necesarios al espectáculo, que tuvo sus puntos más luminosos en los musicales dedicados a los 35 años de carrera artística del merenguero Sergio Vargas y la Pimienta que Pica de Fefita La Grande, Maridalia Hernández y Milly Quezada.

En el marco estrictamente profesional, la actuación de los anfitriones de la hermosa gala de los soberanos fue de altísima calidad. Nashla Bogaert y Roberto Angel Salcedo, navegaron, con asombrosa destreza entre lo formal, la jovialidad, hasta la chercha sana, sin perder la el balance.

Fuera del concepto general, cada uno tuvo su propio espacio, ambos lo aprovecharon muy bien para crecerse. Nashla Bogaert manejó con extraordinaria maestría el llamado a la concienciación sobre la necesidad de coordinar esfuerzos para erradicar la violencia de género y las muertes de mujeres a manos de sus esposos o exparejas.

En cambio Roberto Ángel revalidó su madurez como actor, saltando entre situaciones hilarantes, su aparición en escena siempre logró esa magia imprescindible para llevar al público hasta el éxtasis.

Imperdible, fascinante, gratificante, sin temor a cualquier duda, fue la propuesta televisual preparada para la entrega número 34, demostró el crecimiento solidez y avance de los Premios Soberano, un logro del que los dominicanos deben sentirse orgullosos.

La distribución de estatuillas no pudo ser mejor, obvio, siempre habrá posibilidades de mejora, no obstante, quien juzgue con objetividad y justicia deberá colegir en que fueron exaltados quienes lograron el mejor trabajo en el 2017.

Por citar un ejemplo, el Gran Soberano para Sergio Vargas, protagonista de una historia personal de éxito, en 35 años, un artista que se reinventa y se crece, no menos valorado el digno reconocimiento a Alberto Ulloa, un cultor por 50 años del llamado merengue típico, le ha impreso un sello distintivo a la “música de tierra adentro”.

Otros aciertos, la inclusión del laureado beisbolista David Ortiz, el Big Papi, como figura central del mensaje contra la violencia de género, los tres galardones a la película “Los carpinteros”, dirigida por el joven cineasta José María Cabral y la escogencia de Pamela Sued, una joven con sobrado talento y capacidad como conductora de televisión.

Los Carpinteros, destaca por la excelencia del guion, magistrales actuaciones, impecable edición, modernos efectos de sonido, actuaciones sin desperdicios y correcto abordaje de un tema social complejo y diverso como el crimen, el delito, la complicidad que los protege y el drama humano del penal de La Victoria, más que eso, una ergástula donde sobrevivir es una odisea, un riesgo permanente, muy lejos de la ansiada regeneración humana e inserción social.

En sentido general, deben estar satisfechos la Cervecería Nacional Dominicana, los demás auspiciantes del Premio, los organizadores la Asociación de Cronistas de Arte y la sociedad dominicana completa porque Premios Soberano se consolida como una marca, una apuesta a la excelencia, como meritísimo tributo al esfuerzo infatigable de nuestros artistas, productores, comunicadores y actores por promover lo mejor de nuestra música y de los valores culturales que nos definen como sociedad.

Para todos los responsables de esta noche memorable, de una gala para el deleite y el gozo en grado sumo, vaya el mejor Soberano de los reconocimientos. El año próximo auguramos otro espectáculo imperdible, digno de los dominicanos que creen en un futuro mejor, aquellos que no han perdido la magia de los sueños y que siguen creyendo que aún es posible construir un proyecto de nación económicamente sólida, institucionalmente fuerte y socialmente viable, con oportunidades de bienestar y progreso para todos los ciudadanos.