Maneras de mantener la calma durante una discusión 

Maneras de mantener la calma durante una discusión 

Un cierto número de conflictos son inevitables en la vida. Incluso las personas que dan prueba de una paciencia fuera de lo común, alguna vez serán víctimas del enojo durante una disputa. Cuando discutimos con alguien, hay quienes sienten que no tienen ningún control sobre su cuerpo y sobre sus emociones.

La inteligencia emocional es definida como la capacidad de identificar y de controlar nuestras propias emociones y las emociones de los otros. Una inteligencia emocional débil genera incapacidad para mantenernos tranquilos y calmados, lo que conlleva a más conflictos; mientras que una inteligencia emocional elevada, conduce a menos conflictos y a una mejor capacidad para mantener la calma cuando estamos bajo presión.

El conflicto forma parte inevitable de la vida y el único aspecto de ese conflicto que podemos controlar es la manera en la cual reaccionamos. Esto no quiere decir que la supresión de este proceso automático e inconsciente sea simple, que de hecho no lo es; pero podemos aprender a reconocer y a controlar nuestras emociones negativas.

Podemos superar en cierta forma esta respuesta fisiológica innata. Podemos aprender a mantenernos en calma durante cualquier conflicto e incluso durante una discusión acalorada.

Identificar los signos físicos cuando perdemos la calma.

Para empezar, es bueno saber reconocer la calma y lo contrario de la calma. En efecto, algunas personas afirman con toda buena fe y con un tono que podría hacer pensar lo contrario (gritando, por ejemplo) que están tranquilos. Es decir, la calma es una noción bastante subjetiva para algunos y es tal vez allí donde comienzan los problemas. ¿Cómo conservar la calma si estamos convencidos de no haberla perdido?

Sin embargo, algunos síntomas bastante objetivos y fisiológicos hablan por sí mismos. Los músculos distendidos, el corazón que late a un ritmo más bien lento e irregular, la temperatura del cuerpo que se mantiene estable, (al contrario de los sentimientos de tristeza o de miedo que provocan temblores y frío) el tono de la voz, la respiración profunda y regular… Cuando queremos saber si realmente estamos tranquilos sería bueno observar estos síntomas.

En definitiva, ¿cómo hacer para no dejarse desbordar por las emociones en un momento de conflicto?

Si eres de esas personas con un temperamento fuerte y que “se enciende” durante una disputa, tal vez estos consejos pueden ayudarte mantener la calma y evitar un conflicto desproporcionado que te llevará luego a situaciones indeseadas.

1) Respirar profundo.

La capacidad para mantenernos tranquilos y concentrados durante un conflicto depende de la capacidad de distensión del cuerpo. La respiración superficial es la respuesta innata del organismo frente al estrés. Suprimiendo esta respuesta natural y practicando una respiración profunda ayudamos al cuerpo a mantenerse tranquilo.

Inspira profundamente por la nariz antes de espirar lentamente por la boca. Respiraciones lentas y profundas detendrán la producción de dos hormonas del estrés: la adrenalina y el cortisol.

2) Concéntrate en tu cuerpo.

Concentrarse en las sensaciones físicas que aparecen durante un conflicto permite cambiarlas de manera consciente. Cuando nos concentramos en nuestro cuerpo, podemos sentir la tensión, la respiración superficial, etc. que aparecen con el estrés.

Cuando sientas que tu cuerpo comienza a tensarse, adopta una posición neutra distendiendo los hombros y las manos. Esta posición abierta expresa una comunicación positiva con la ayuda del lenguaje corporal, que ayuda a resolver los conflictos.

3) Escucha con atención.

Una persona se prestará en una discusión o en otro tipo de conflicto se considera que alguien no está escuchando. Por otra parte, es imposible desarmar una situación conflictiva sin escuchar de manera atenta y activa.

Cuando alguien hable, concentra su atención sobre lo que dice la persona. Ignore todo tipo de reflexión sobre la construcción de una respuesta. Una vez que la persona termina de hablar, usted tiene toda la información necesaria para responder de manera inteligente.

4) Pregunta de manera directa y abierta.

Las preguntas abiertas son muy válidas para resolver los conflictos. Para empezar, las preguntas abiertas demuestran que uno está escuchando de manera atenta. En segundo lugar, este tipo de preguntas demuestran respeto hacia la otra persona y le permite articular sus ideas. Aprender a formular preguntas abiertas puede ser un poco difícil para algunas personas.

La manera más simple de evitar hacer preguntas en donde obtendremos respuestas sólo de “sí” o “no”, es no utilizar fórmulas como “¿hiciste?”, “¿no hiciste?”. Cuando formulamos una pregunta utilicemos palabras como “¿qué?”, “¿por qué?”, “¿cuándo”? y “¿cómo?”.

Inténtalo y verás la diferencia.

5) Mantén un tono de voz suave.

Si hay una forma de empeorar una discusión es levantando la voz. Por el contrario, una de las maneras más fáciles de calmar un conflicto es bajar el tono de voz. ¿Sabías que el nivel del tono de voz esté ligado a la presión arterial?

La primera etapa consiste en tranquilizar y aplacar la ira inicial de la otra persona, y eso no puede hacerse levantando la voz. Por otra parte, si tú mismo bajas el tono durante el conflicto, evidencias rápidamente un sentimiento de calma y de intención de apaciguar los ánimos.

6) Acepta el desacuerdo.

Todos los conflictos no llegarán a buenos resultados, sin embargo, puedes evitar empeorar la situación desarticulando de manera educada la conversación.

Alejarse de una disputa es lo mejor si la persona con la que discutimos se vuelve cada vez más hostil, o si la conversación no lleva a ninguna parte a pesar de todos los esfuerzos.

Los seres humanos somos criaturas emocionales y esta capacidad de sentir puede ser utilizada en nuestro beneficio o en nuestro perjuicio. Es igualmente importante perdonarse a uno mismo si actuamos de manera inconveniente.

7) Observa las emociones.

Trabajar sobre nuestras ideas es una etapa esencial para encontrar la calma. No se trata de reprimir las emociones, sino de observarlas como si estuvieran afuera de nosotros mismos y tomar conciencia de qué es lo que sentimos.

Llevar un diario de nuestras emociones puede ser una excelente manera de analizar qué sentimientos son realmente nuestros y qué sentimientos son producto del enojo y la ira, de los mandatos familiares o de los mandatos sociales. Escribir permite poner “afuera” de uno mismo lo que está dentro sin sacarlo realmente. Una técnica que tal vez te sirva para analizar a largo plazo, y no tanto en el momento del conflicto. Escribir antes es mejor que hablar en el momento y profundizar la crisis.

8) Detén el tiempo.

Detenerse un momento es indispensable cuando no logramos mantener la calma. Decirse uno mismo que todo está yendo demasiado rápido y ralentizar el curso del tiempo, permite a nuestro cerebro dejar el “modo automático” y ponerse a pensar de manera inteligente.

Algunas técnicas consisten en detener el curso del enojo y la ira y tomarnos “un recreo” de pocos segundos para dejar volar la imaginación. En momentos de estrés, este recurso es muy válido y consiste simplemente en “irse” a un lugar en el que fuimos felices o evocar una situación alegre que represente un refugio momentáneo. Te parecerá increíble, pero funciona.

9) Una tabla de chocolate salvavidas.

Al igual que un náufrago se aferra a la tabla en un momento de desesperación, la tableta de chocolate puede ser una forma de calmar una crisis.

Si mantenemos el control y sólo tomamos un pequeño trozo, es mucho mejor que un ansiolítico. Muchas personas coinciden en que la comida puede ser una forma de apaciguar los ánimos sin caer en la exageración, claro está.

10) Deporte y arte.

¿Sabes en qué consiste el arte terapia? Simplemente en tomar una caja de lápices de colores y pintar un dibujo de la misma forma que hacíamos cuando éramos chicos. Puede parecer algo infantil, pero en un momento de crisis, de angustia, de enojo… ¡El arte puede salvarte!

Te permite pensar, meditar, concentrarte en el dibujo, elegir los colores y ayudarte a analizar los problemas desde otro ángulo sin dejarte invadir por ellos.

Practicar un deporte, salir a correr, cantar; son actividades que fuerzan al cerebro a concentrarse en otra cosa. Es una manera positiva de alejarse de lo negativo y concentrarse no sólo en lo positivo sino también en lo creativo.

Los beneficios de una disputa amorosa.

¿Qué pasa cuando la discusión es con esa persona con la que hemos elegido vivir el resto de nuestra vida?

Sacando el hecho de que demasiadas discusiones repetidas y que no llegan nunca nada sólo contribuyen a destruir a una pareja, las pequeñas discusiones cada tanto son beneficiosas para una relación. Sí, mientras no hagamos un drama por una insignificancia, estas pequeñas desavenencias pueden ser buenas noticias para tu relación de pareja.

Las pequeñas discusiones significan que nos interesamos por el otro al punto tal de que queremos a toda costa lograr un acuerdo para que nuestra relación puede ser aún más sólida y mejor.

Si nunca nos decimos qué cosas no nos gustan, esto sí puede desencadenar algún día en un conflicto serio. Además, es sinónimo de que no nos interesa la otra persona al punto tal de que ni siquiera buscamos resolver un conflicto y que simplemente queremos cada uno vivir su vida.

Si bien el momento de la discusión no es agradable, luego podemos sentirnos aliviados por haber expresado algo que queríamos expresar. Transmitirle al otro qué es lo que no nos gusta, hará que nuestra pareja avance. Después de haber escuchado a tu pareja, lo entenderás mejor y aceptarán ambos de manera mucho más fácil cuáles son sus diferencias.

Aunque parezca increíble, tal vez una discusión pueda salvar una relación.

¿Logras mantener bajo control tus emociones cuando discutes? ¿Cuáles son tus recursos para mantener la calma? ¡Comenta y comparte!

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