Miremos la frontera

Los incidentes entre dominicanos y haitianos en la provincia de Pedernales, en el litoral sur del país, debe ser el punto de partida para reflexionar sobre la grave situación en que viven los residentes de la zona fronteriza.

Envueltos en total pobreza y de marginalidad, los fronterizos no tienen otra opción que emigrar hacia las ciudades más cercanas con mayor proyección de prosperidad.

Jóvenes con mucho talento han tenido que abandonar sus pueblos para buscar oportunidades de empleo y para los estudios.

Para nadie es un secreto que la frontera se está quedando despoblada. Que las actividades productivas, principalmente en la agricultura, prácticamente han desaparecido.

La pobreza empuja a la gente a dejar sus predios y explorar perspectivas en otras zonas más productivas del país.

Esto explica las razones por la que la zona fronteriza está totalmente abandonada, siendo ocupada mayormente por indocumentados haitianos.

El Estado debe volcar su mirada hacia la frontera. Desarrollar proyectos que contribuyan a mejorar la calidad de los nativos de las provincias que circundan en la zona fronteriza.

Hay que incentivar que empresas opten por instalarse en estas regiones, para así crear fuentes de trabajo y que se ofrezca asistencia de salud a sus residentes.

Una mayor inversión oficial en la frontera vendría a ser el mejor aval para que el sector privado se interese en inyectar recursos amparados en la ley de fomento que fue aprobada desde hace años.

Solo así, de manera seria, se logrará el desarrollo pleno de la frontera, que tradicionalmente ha sido olvidada a su suerte.