El aviso de recompensa por Joaquín Guzmán Loera presenta a un hombre de cabello oscuro, de unos 57 años, 173 cms de altura, nacido en Culiacán (Sinaloa). Buscado por la Interpol y la agencia antidrogas de Estados Unidos, «El Chapo» es una «prioridad» en la lucha contra el crimen organizado de las autoridades mexicanas, que ofrecen US$2,6 millones por información que conduzca a su captura.

Tras la muerte de Osama bin Laden, el Chapo es además un firme candidato a convertirse en el nuevo hombre más buscado del mundo.

Según expertos consultados por BBC Mundo, más allá de las abismales diferencias entre quienes están considerados los líderes de al-Qaeda y el cartel de Sinaloa, ambos tienen algo en común.

Ser enemigos a batir por dos gobiernos librando batallas muy cuestionadas en su propia casa: la guerra de EE.UU. «contra el terrorismo» y la guerra de México contra el crimen organizado.

Victoria de la estrategia

«Igual que Barack Obama presentó la muerte de Bin Laden como «un golpe certero al terrorismo», la captura del Chapo se presentaría en México como una gran victoria del gobierno»

José Luis Piñeyro, UAM

«Igual que Barack Obama presentó la muerte de Bin Laden como ‘un golpe certero al terrorismo’, la captura del Chapo se presentaría en México como una gran victoria del gobierno», dice el analista José Luis Piñeyro.

Según este investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), con sede en Ciudad de México, atrapar al «capo de capos» se vendería como la mejor prueba de que la estrategia gubernamental funciona, en mitad de un clima de críticas a la política de Felipe Calderón contra los cárteles.

Y sobre todo, asegura, se vería como un logro político de la actual administración de cara a las elecciones de 2012, tras las que Calderón tendrá que ceder su banda presidencial.

El propio presidente ya ha dicho que quiere ver tras las rejas al Chapo antes de terminar su mandato. Y la Procuradora (Fiscal) General de la República, Marisela Morales, manifestó que este arresto «es una de las prioridades que existen en el gobierno federal”.

«No acabará con la guerra»

«Joaquín Guzmán es un capo poderoso, pero su captura no acabará con la guerra ni con el tráfico de drogas»

Malcolm Beith, autor de «El último narco»

Guzmán es, según autoridades mexicanas y de EE.UU., el principal líder de la organización de Sinaloa, también conocida como del Pacífico o La Federación, fundado hace más de tres décadas.

Su fuga de un penal de máxima seguridad en 2001 sonrojó al gobierno mexicano del presidente Vicente Fox. Desde entonces sus negocios se han extendido más allá de las fronteras mexicanas.

La agencia antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), le considera director de una de los mayores sindicatos del crimen de todo el mundo, con ramificaciones en grandes ciudades del extranjero como Nueva York, Baltimore y Los Ángeles.

Su cartel es responsable, según esta administración, de gran parte del aumento de la violencia en México en los últimos años.

Pero más allá del simbolismo de su eventual captura, son las consecuencias prácticas que tendría este arresto lo que despierta dudas entre los analistas.

Chapo Guzmán

«Su captura ayudaría a Calderón a callar a algunos de sus críticos», dice Malcolm Beith, uno de los biógrafos del narcotraficante.

Joaquín Guzmán «es un capo poderoso, pero sobre todo es un símbolo de lo que hasta ahora el gobierno no ha podido conseguir… se ha convertido en la cara del enemigo», le dice a BBC Mundo Malcolm Beith, autor de «El último narco», biografía no autorizada del Chapo.

«Su captura ayudaría a Calderón a callar a algunos de sus críticos —añade Beith—, pero no acabará con la guerra ni con el tráfico de drogas».

«Él no está en las montañas de Sinaloa controlando cada fajo de marihuana o paquete de cocaína que se trafica hacia EE.UU.. Los carteles funcionan con un sistema de células independientes, por eso su captura o muerte no implicaría la desaparición de su organización», según explica el periodista.

Su aprehensión podría tener pocas consecuencias en las operaciones de Sinaloa porque «los capos son sustituidos con relativa rapidez en el mando de un cartel», coincide Piñeyro.

Disminuir la violencia

«Cuando se detiene a un líder criminal se le quita a una organización que se dedica a delinquir uno de sus atributos principales, a quien le daba dirección o coordinaba la logística del trasiego»

Alejandro Poiré, vocero del gobierno

El gobierno mexicano, por su parte, defiende que la captura o muerte de líderes criminales sí han supuesto de hecho una reducción de la criminalidad y el poder operativo de estas organizaciones.

Una de las misiones más publicitadas por las autoridades mexicanas es la que concluyó en julio de 2010 con la muerte de Ignacio Coronel-Villarreal, «Nacho», aliado de Joaquín Guzmán.

De acuerdo al gobierno, con su caída a manos de los militares en Jalisco se dejó al cartel de Sinaloa sin uno de sus principales líderes.

Y al Chapo, sin un socio que traficara cocaína hacia el otro lado de la frontera (según la revista Forbes, que desde 2009 le incluye en su lista de los más ricos del mundo, el grupo del Pacífico es responsable del 25% del tráfico de drogas de México hacia EE.UU.)

Pero además, sostiene el ejecutivo, «hay indicios de que el abatimiento de este narcotraficante afectó significativamente la operación del cártel del Pacífico y a otras células criminales de la región».

Según el vocero de Seguridad Nacional Alejandro Poiré, «cuando se detiene a un líder criminal se le quita a una organización que se dedica a delinquir uno de sus atributos principales, a quien le daba dirección o coordinaba la logística del trasiego».

De ahí que el gobierno mexicano haya colocado la captura de grandes líderes como el Chapo entre los principales objetivos de su Estrategia Nacional de Seguridad.

O como el mismo Poiré escribió en su cuenta de Twitter cuando Obama anunció la muerte de Bin Laden: «es impensable la seguridad auténtica si los liderazgos criminales mantienen su operación delictiva. De ahí la importancia de la caída de Osama».

EE.UU. tardó diez años en acabar con el supuesto responsable de los atentados del 11-S, el mismo tiempo que ha vivido en la clandestinidad Joaquín Guzmán, de cabello oscuro, 173 cm de altura y nacido en Culiacán.