El asedio petrolero de EEUU a Cuba lastra al sector privado al que Washington busca ayudar

La Habana.- El bloqueo petrolero de Estados Unidos a Cuba está lastrando fuertemente al incipiente sector privado de la isla, donde centenares de pequeños negocios han cerrado o suspendido operaciones mientras otros se reinventan y luchan por sobrevivir.

La presión estadounidense, unida a la crisis estructural que ya sufría el país, están generando un entorno tan adverso como incierto para los emprendedores privados cubanos -a los que Washington en más de una ocasión ha dicho que pretende apoyar-, porque la ausencia de combustible les hiere por múltiples frentes.

Sin combustible, ni trabajadores ni proveedores ni clientes tienen transporte asegurado, lo que perjudica a las cadenas logísticas y a la organización laboral interna, además de contraer la demanda. Además, los apagones se prolongan (porque parte de la generación nacional requiere diésel y fueloil), minando la actividad económica.

Sin combustible, los negocios privados, unos 10.000 en toda la isla, tampoco pueden asegurar el suministro eléctrico con generadores propios, algo que para las panaderías o las tiendas de frigorizados es vital.

En apagón, además, es frecuente que falle la conectividad móvil y por cable, con lo que se elimina la posibilidad del teletrabajo y de cualquier atisbo de economía digital.

“Nos ha afectado mucho. A fin de cuentas, somos una empresa logística, de entregas”, reconoce a EFE la emprendedora cubana Marta Deus, al frente de la popular plataforma Mandao, el equivalente isleño a aplicaciones móviles para pedir comida a domicilio como Glovo, Rappi o Uber Eats.

Con un plantilla de 50 empleados, los pedidos han caído en un 50 % desde que empezó el bloqueo petrolero, para situarse en un promedio de 120 al día. El personal fijo se mantiene, aunque han aplicado ajustes con servicios externos.

Cuenta que restaurantes han cerrado o reducido su actividad. Que han tenido que comprar un vehículo eléctrico para transportar a sus trabajadores a la oficina central y de vuelta a sus casas. Que han adquirido bicicletas y motos eléctricas para los repartos.

Deus explica que el proceso de adaptación ha sido “muy complicado”, pero que han aprovechado la experiencia que habían ido acumulando en las provincias, donde los largos apagones y la falta de combustible eran ya la norma hace tiempo.

Esta emprendedora asegura, además, que hasta el momento no ha logrado importar combustible, pese a las facilidades que anunció EE.UU. para envíos al sector privado de la isla. “En tema combustible, estamos en cero. Personalmente, no hemos conseguido todavía. No es algo sencillo. Estamos en el proceso”, indica.

En La Habana, donde se concentran casi la mitad de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que han surgido en Cuba desde que en 2021 se volvieron a permitir tras casi seis décadas de prohibición, se ven muchos restaurantes, cafeterías y establecimientos minoristas que han cerrado sus puertas en los últimos meses.

Muchos otros, de empresas de servicios a pequeñas pensiones, están barajando todas las opciones que tienen sobre la mesa ante las serias dificultades que afrontan en el presente y la incertidumbre absoluta con la que encaran el futuro, donde todo parece posible, hasta una intervención militar estadounidense.

Reinventarse

Otros han decidido permanecer abiertos. Laura Salazar, la responsable de Loft Bahía, un conjunto de hotel, restaurante y cafetería en La Habana Vieja, apuesta en declaraciones a EFE por innovar en esta crisis como ante todas las dificultades anteriores por las que ha atravesado el negocio.

“Loft Bahia desde que abrió ha tenido que luchar con muchísimas limitaciones. Abrimos después de la pandemia: ha sido un período en el que casi siempre hemos ido un poquitico cuesta abajo”, explica.

Describe cómo han optado por buscar nuevos “segmentos de mercado” ante la caída del turismo, asegurar el transporte para los empleados, reorganizar los turnos del personal y organizar nuevas actividades para atraer a otros públicos. “Hemos tenido que reinventarnos”, resume.

Mira desde el optimismo la crisis: no queda otra, considera. “Es parte de lo que hemos vivido desde que abrimos. Ahora realmente es el tema del petroleo, pero meses y años anteriores siempre ha habido algún otro tema y seguimos reinventándonos a pesar de eso”, indica.

“Conforme las circunstancias ajenas al negocio mejoren, nosotros mejoraremos. Nuestra perspectiva es optimista”, concluye esta emprendedora.

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